Pascual Rosser

La primavera la sangre altera

Opinión. Pascual Rosser Limiñana

| Radio El Campello

La primavera la sangre altera
Opinión. Pascual Rosser Limiñana

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La primavera la sangre altera, dice un refrán popular. Uno de esos de los que abundan en el refranero español. Ya sabe. Estos tienen su origen en un consejo sencillo y directo sobre la experiencia vivida por el “maestro” que los predica. Hay uno para cada ocasión. ¿Sabe cuáles son los refranes más populares? Ahora se los menciono. A quien madruga, Dios le ayuda. No hay mal que por bien no venga. De tal palo, tal astilla. En casa de herrero, cuchara de palo. El que no corre, vuela. A lo hecho, pecho. Ojo por ojo, diente por diente. Coja el que más le guste o el más apropiado para la ocasión.

Y vaya si la primavera la sangre altera. No sólo a la gente joven, como la que muestra el cuadro de Lorenzo Pericás que tiene por título “Alegoría a la Primavera”. Con una estética modernista, pintó figuras femeninas similares a ninfas de gran escala, recostadas entre nubes, junto con aves y flores. Vea. Una mujer joven, semidesnuda, casi de espaldas, recostada entre telas y cojines, con tonalidades color pastel. La muchacha juega con unos pájaros, quizá palomas. Está rodeada de flores de diversos colores.

Imagine a esta muchacha, póngase en su piel. Contenta, quizá enamorada, pasando un rato divertido y despreocupado, ajena a las inoportunas circunstancias mundanas que todo lo complican, con la inocencia de la edad y la pasión de la juventud, ese periodo especial que nos regala la vida.

En la pintura española hay cuadros afamados y parecidos a este de Pericás como “La venus del espejo” de Velázquez o “La maja desnuda” de Goya, aunque este es mucho más atrevido, no deja nada a la imaginación. Y si lo dejara, también la pintó vestida. Me dirá que es mucho comparar, y seguro que tiene razón, pero la idea es la misma. Como el de Joaquín Sorolla cuando pintó a su mujer – Clotilde – desnuda, de espaldas, entre sábanas color salmón.

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“La primavera”, junto con la titulada “El verano”, óleos sobre lienzo de 124 x 323 cm, ambas de Lorenzo Pericás, formaban parte de la pinacoteca del Real Liceo Casino de Alicante. Su junta directiva decidió venderlos a la Diputación en el 2017 y se exponen en el Museo de Bellas Artes Gravina (Mubag). Al recibirlas, este museo las restauró y ahora expone su trabajo – hasta el 25 de junio de 2023 – en un espacio dedicado al efecto en su segunda planta. Restauradas ambas obras alcanzan todo su esplendor. El proceso de restauración fue realizado por Mar Echegoyen y supervisado por la restauradora del Mubag, Mª Dolores Vilella. La Comisaria de esta exposición es Mª José Gadea, técnica de este Museo. Se muestran las obras restauradas y un panel que contextualiza el encargo del Real Casino a Pericás y la figura del artista, así como un vídeo que enseña el proceso de restauración comparando el antes y el después de cada uno de los cuadros.

Pero, ¿quién era Lorenzo Pericás (1868-1912)? ¿Cuál fue su escuela y su maestro? ¿Cuáles fueron sus obras más emblemáticas? Hijo de un hojalatero, nació en Alcoy en 1868. Desde muy joven vivió en Alicante, inscribiéndose pronto en la afamada Academia de Bellas Artes del pintor Lorenzo Casanova (1885). Fue becado por la Diputación de Alicante para continuar en esa Academia, junto con sus compañeros de estudios Vicente Bañuls, Heliodoro Guillén, Rafael Hernández y José López. Pericás fue unos de los alumnos más destacados de esta academia, despertando el interés de la ciudadanía, recibiendo encargos de todo tipo. Todo burgués que se preciara en la ciudad solicitaba sus servicios para pintar cuadros para sus palacetes y sus fincas, encontrando pronto la fama por su arte. En 1894 recibió la medalla de plata en la Exposición Provincial que organizó la Sociedad de Amigos del País, influyente asociación por aquellos años en la capital alicantina.

Cuando el Real Casino compra en 1881 el palacio de los Marqueses de Escalambre y en 1905 el edificio colindante para ampliar sus instalaciones, encargaron al arquitecto Juan Vidal Ramos para que realizara las obras de acondicionamiento, con entrada principal por el Paseo de la Explanada y dando realce al Salón Imperio. Para este se encargó la pintura de sus frescos a los artistas más importantes del momento en la ciudad: Vicente Bañuls, Heliodoro Guillén y Lorenzo Pericás. Este pintó tres de las cuatro paredes con juegos florales describiendo costumbres de la época, dedicado a las ciencias y a la literatura. Pericás “muestra una pintura muy sorollesca por su tratamiento de la luz, con una pintura más simbolista y con un significado más literario”, según Begoña Torres, doctora en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid. Ahí siguen esos frescos, la piqueta urbanística no pudo con ellos, aunque faltó poco cuando el Real Casino se remodeló de nuevo a finales del siglo XX.

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Cuando falleció el pintor Lorenzo Casanova, Lorenzo Pericás fue quien tomó el testigo y se puso al frente de su Academia de Pintores de Bellas Artes.

Algunos de las obras más importantes de Pericás se expusieron en la Basílica de Santa María, en la Caja de Ahorros de Alicante, en el ayuntamiento de Alcoy, además de los frescos mencionados del Real Casino. Hizo retratos, bodegones, actos populares…

Marchó pronto a su eterno peregrinaje como artista por una triste y progresiva enfermedad degenerativa que le limitaba la movilidad de las manos. Imagine el drama personal de este artista al no poder usar con soltura sus herramientas más necesarias, sus manos. Necesitó de la ayuda de amigos para sobrevivir a las necesidades más mundanas para su familia y para él. Destacó en esta tarea su amigo el escritor Gabriel Miró quien, incluso, organizó una colecta para recaudar fondos para ellos.

Hoy disfrutamos de su legado. Pericás dejó huella con su imaginación, con la reproducción de su interpretación de la realidad, con su arte. Viste el Mubag y admire las “Alegorías de la Primavera” o el “Verano” mencionados y compruebe usted mismo lo que le digo en estas líneas.

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