Opinión

Para los niños. Y los no tan niños

Opinión. Pascual Rosser Limiñana

| Radio El Campello

Para los niños. Y los no tan niños
Opinión. Pascual Rosser Limiñana

Fíjese que los villancicos siguen dando caña. Luego le cuento su origen histórico, es curioso. Desde que se cantaban antaño hasta nuestros días, han pasado siglos recitando muchas historias sencillas que llegan a los corazones de todos. No pasan de moda, no cambian los hábitos, siguen presentes en el devenir navideño.

¿Sabía que los villancicos no tienen su origen en una canción navideña? Eran canciones populares, eso sí. Se cantaban en España a partir de la Edad Media, nada menos. Deje que le diga su significado etimológico. Ahí va, villancicos viene de villa y del latín villanus. ¿Villanos? Eran canciones vocales, originariamente sin música, que contaban hechos rurales de interés para el pueblo. Se solía cantar en la plaza mayor de la villa. Como estaban tan arraigados entre el populacho, la iglesia católica vio una oportunidad para manifestar con ellos sus mensajes de una forma sencilla, cercana a la gente corriente y popular para todos. Según una leyenda urbana, hay dos formas de estar más cerca de Dios: rezando, y cantando. Ya ve. Las letras de las canciones se cambiaron de un origen pagano a otro religioso y aprovecharon para componer villancicos que cantaran hechos del Nuevo Testamento. Estas canciones se manifestaban en festividades religiosas, muchos de ellos con textos relacionados con el nacimiento de Jesús y por esto se popularizaron en Navidad hasta consolidarse como canciones de esta época, durante el solsticio de invierno.

Cada uno tenemos en la cabeza nuestro villancico preferido, el que más recordamos por la causa que sea, generalmente por un hecho ocurrido durante nuestra infancia. Hay uno muy popular que tiene que ver con una población alicantina. Comercialmente oportuno, me va a decir, y así es. Verá por qué. Es ese que dice así: “las muñecas de Famosa se dirigen al portal, para hacer llegar al niño su cariño y su amistad, y Jesús en el pesebre se ríe porque es alegre, …”. Un oportuno anuncio en periodo navideño

Deje que le cite otros más clásicos, la ocasión lo merece. Como “Ande, ande, ande, la Marimorena”, nacido en el siglo XVIII en España, aunque su autor es desconocido. Hay más. “Blanca Navidad”, escrito por Irving Berlín (1940) e inscrito en el libro Guinness de los Récords como uno de los villancicos más vendidos de la historia. “El tamborilero”, popularizado por el cantante español Rafael, aunque fue escrito por la pianista norteamericana Katherine Kennicott influenciada por una leyenda checa (1941). “Campana sobre campana”, de origen andaluz y autor desconocido. “Que los peces beban en el río para ver a Dios nacido”, de autor y lugar desconocidos. “El burrito de Belén”, compuesto por Hugo Blanco, músico venezolano (1975), …

Mención especial tiene el que se considera el villancico más conocido: Noche de paz, escrito por el sacerdote austríaco Joseph Mohr de la iglesia de Amsdorf, un pueblecito cerca de Salzburgo. Tenía la tesitura de tener que escribir la letra de un villancico que no fuera necesario acompañarlo por el órgano de su iglesia porque estaba estropeado. El resultado fue este bello villancico, que se estrenó en la misa del gallo del 24 de diciembre de 1818, acompañado por la música de una guitarra, melodía compuesta por el organista Frank Grubert. Le invito a que la busque en YouTube, este y los demás villancicos, los encontrará de varias versiones.

Y un villancico lleva a un juguete para agradar a muchos niños, y a no pocos adultos. Permita entonces que vuelva a Onil, cuna de las muñecas, ahora que está tan cerca la llegada de los Reyes Magos cargados de regalos. Hace poco lo visité con mi familia, aconsejados por Víctor Berenguer, diplomado en Turismo. A Víctor lo conozco a través de la Asociación Alicantina de Periodistas y Escritores de Turismo (AAPET) de la que ambos somos socios.

Además de visitar el precioso palacio fortaleza del Marqués de Dos Aguas y otros puntos de interés, fuimos al Museo de Muñecas ubicado en la Casa de l´Hort. Un lugar para soñar. Entre sus muros descubres un sinfín de curiosidades de la elaboración de este juguete, una amplia exposición de muñecas y, en el último piso, otra de figuras de Playmobil.

Entre las curiosidades de este museo encuentras que las muñecas no siempre estuvieron hechas con plástico. Inicialmente era un trabajo totalmente manual. Pionero de esta industria fue Ramón Mira Vidal. Quería fabricar un juguete que tuviera mucho éxito entre la infancia. Eran finales del siglo XIX (1870). Su casa se convirtió en el primer taller de muñecas de Onil, empleando a varias mujeres de esa localidad. Es el inicio de una próspera industria no exenta de dificultades.

Las primeras muñecas las hicieron moldeando el barro. No había una muñeca igual que la otra, pero eran pesadas y muy frágiles. Para que fueran más ligeras, en 1885 hicieron varias pruebas para conseguir una muñeca con otros materiales a través de una pasta de fécula de patata, harina, serrín y corteza de pino picado. Además, utilizaron moldes de barro. A finales del siglo XIX se usaba la gacha, una masa muy blanda y moldeable que abarataba los costes (se usaría hasta 1950). A principios del siglo XX se emplea la cera para muchas cabezas de muñecas. Luego se usaría la pasta de cartón (1933), la cola, … Hasta llegar al plástico blando a mediados del siglo XX, dando a la muñeca un aspecto más realista.

De sus talleres, de sus fábricas, salieron famosas muñecas como la Mariquita Pérez, Cayetana, Nancy, Barriguitas, … Un largo etcétera para el mayor disfrute de las niñas. Y de las no tan niñas. Pues eso.

Pascual Rosser Limiñana

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