Opinión

Mi última singladura en el Giralda

| Radio El Campello

El blog de Pascual Rosser Limiñana

Mi última singladura en el Giralda

Durante mi estancia como profesor de Armas Submarinas en la Escuela Naval Militar de Marín, (Pontevedra) y en el periodo comprendido entre agosto de 1997 y octubre de 1999, me asignaron el mando del Buque de Instrucción Giralda. El “Giralda” fue el barco donde estuvo viviendo en Portugal S.A.R. Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona y padre, en esas fechas, de S.M. el Rey Juan Carlos I y abuelo del entonces Príncipe de Asturias y hoy Rey de España S.M. Felipe VI.

Muchas anécdotas puedo contar de mis dos años como Comandante de este Buque de Instrucción que, tras el fallecimiento de Don Juan de Borbón, fue asignado a la Escuela Naval Militar para adiestramiento marinero de sus alumnos y gracias a la intervención de S.M. el Rey Juan Carlos I.

Mi primer contacto con el Giralda y con Don Juan fue precisamente en aguas próximas a Estoril, hacía ya bastantes años. Yo, entonces, era alumno de la Escuela Naval Militar (creo recordar que era el año 1978) y junto a varios compañeros de varios cursos estábamos realizando el crucero de instrucción de fin de curso en los Pumas 35, veleros recientemente adquiridos por la Armada para el adiestramiento náutico de los alumnos. En el viaje desde Galicia hacia el Mediterráneo y al sorprendernos una gran tormenta a la altura de Lisboa tuvimos que refugiarnos en las aguas próximas a Estoril. Estando allí fondeados vimos llegar un chinchorro y cual no fue nuestra sorpresa al ver que en el chinchorro venía a visitarnos nada más y nada menos que el Conde de Barcelona. Don Juan, al ver el pabellón español en nuestros buques, tuvo la amabilidad de acercarse a saludarnos.

Pasaron los años y yo ya había olvidado aquella anécdota, pero cuando, al cabo de muchos años, finalicé mi periodo como Comandante de la 6ª Escuadrilla de Aeronaves de la Armada (1997) solicité y me concedieron pasar destinado a la Escuela Naval Militar Militar como Profesor de Armas Submarinas. Una vez destinado en la Escuela Naval el Director de dicha Escuela me asignó el mando del bergantín goleta Giralda. Fueron dos años de gran actividad náutica, muchas y divertidas anécdotas y recuerdos inolvidables junto a la pequeña dotación fija del buque, 4 suboficiales, y los alumnos que en cada salida a navegar nos asignaban desde la Escuela Naval como dotación en aprendizaje marinero.

Al cabo de los dos años como Profesor y cuando ya estaba de vacaciones en el Mar Menor y pendiente de mi nuevo destino en Madrid (verano de 1999) recibí una extraña llamada desde Marín. Me informaban que tenía que interrumpir mis vacaciones para dirigirme a la Escuela Naval Militar dado que tenía que trasladar, en el Giralda, a una personalidad importante desde Bayona hasta la Ría de Arosa. No me dijeron que personalidad era la que tenía que trasladar. Me enviaron el pasaporte para viajar y yo interrumpí mis vacaciones para dirigirme a Marín.

Allí me esperaba la ¡sorpresa!. Nada más y nada menos que el personaje al que debía de trasladar era al Príncipe de Asturias y sus acompañantes. Estaban realizando el Camino de Santiago y una de las etapas S.A.R. el Príncipe de Asturias manifestó la ilusión que le supondría navegar en ese buque tan querido por él y del que tan gratos recuerdos tenía de su infancia con su augusto abuelo.

Partimos por la mañana desde Bayona en dirección a la Ría de Arosa. Resultó ser una travesía muy placentera pero debido a la falta de viento nos vimos en la obligación de navegar casi todo el tiempo a motor para poder cumplir con los horarios previstos.

S.A.R. se mostró muy cercano durante toda la navegación. Me comentó los recuerdos tan bonitos que tenía de su niñez a bordo de este buque y de los recuerdos de su abuelo, D. Juan de Borbón. Tuvimos que comer a base de bocadillos, dado que el buque se encontraba amarrado a flote, pero con sus despensas vacías por encontrarnos en periodo vacacional. En cuanto a S.A.R. decir que a pesar de ser amplia la Cámara del “Giralda” y dada la altura de nuestro entonces Príncipe chocaba con el techo, por lo que cuando permanecía en pie tenía que posicionarse en una postura algo incómoda, un poco agachado.

La navegación se desarrolló sin incidencias y S.A.R. tuvo la deferencia de fotografiarse junto con los que éramos la dotación fija del buque, yo como Comandante y los 3 suboficiales que me acompañaron. Dicha fotografía nos la envió firmada a cada uno de los componentes de la dotación, fotografía que guardo con inmenso cariño en un lugar preferente de mi casa.

Autor del texto: Bruno Fernández Garrido, Capitán de Navío de la Armada española, y socio de la Real Liga Naval Española

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