Opinión

La aguadora y el falangista

Opinión. Pascual Rosser Limiñana

| Radio El Campello

La aguadora y el falangista

Opinión. Pascual Rosser Limiñana

Nunca hubieran imaginado que sus vidas se cruzarían, entre otras cosas porque no se conocieron. Se preguntará entonces, ¿qué relación hay entre ellos? Sus destinos se han juntado por la decisión de terceras personas que tampoco conocieron a ninguno de los dos pero que los relacionan removiendo el pasado. Ya verá por qué. Que galimatías, estará pensando.

No se apure, pronto sabrá de todo esto y sacará sus propias conclusiones. Podrían ser los protagonistas de un cuento donde la realidad se mezcla con la ficción y así nadie se siente ofendido, porque no ha pasado tanto tiempo desde que se produjeron algunos de los hechos que le voy a contar hoy, para vergüenza de la mayoría. Primero me refiero a la dama, y luego al caballero. Cortesía por encima de todo, que esta nunca ha de faltar. Y verá por qué sus vidas se relacionan por el libre albedrío de otros.

Antes de seguir, permita que le ponga en antecedentes. En todo hay una motivación y en esta ocasión fue traer agua desde Sax (1898) a la sedienta Alicante. Esta emanaba por un surtidor desde una fuente de la plaza de Isabel II. Con el tiempo, a esta fuente se le quiso dar un servicio ornamental y para ello pensaron en cómo hacerlo. Fue el alcalde Ricardo Pascual del Pobil quien se lo encargó en 1916 al escultor Vicente Bañuls. Imagíneselo cargado con sus cuadernos pintando dibujos y anotando medidas, pensando lo que podía hacer en ese espacio por donde el agua jugara con el mármol y produjera esa musicalidad tan relajante que escuchamos al correr el agua de una fuente.

Para inspirarse, Bañuls se fijó en la naturaleza, en cómo vestía la gente que caminaba por la calle, en la expresión divertida de unos niños mientras jugaban a la pelota… Todo era bueno para encontrar un por qué, un método a seguir. Cerca de su casa vivía un matrimonio que tenía una hija de 17 años. Eran vecinos. Vicente se fijó en ella (ya saben, deformación profesional del artista que observa todo y a todos). No había otras intenciones, no piense mal. Bañuls, quería que fuera su modelo para construir la fuente. Le gustaba como caminaba, su expresividad, su delicadeza, su timidez.

De sus gestos, de su mirada, de sus movimientos, de todo, quería esculpir una obra de arte. Pidió permiso a sus padres para que Susana (ese es su nombre), fuera su modelo. Al padre no le gustó nada la idea e hizo lo que pudo para impedirlo. No quería eso para su hija. Al final cedió, le convencieron, ganó el sentido común, total sólo sería una vez. Y así fue, pero esa vez se convirtió en diversas sesiones durante un año.

El resultado puede verlo usted mismo, acérquese a esa plaza, Gabriel Miró lleva su nombre, observe a la aguadora, quizá tenga suerte y le guiñe un ojo, quizá escuche el susurro del agua que cae de su cántaro y acaricia sus manos, quizá oiga reír al fauno o a los niños que están a sus pies. Disfrutará, seguro, en una de las plazas más bellas de Alicante.

Para recordar a Susana, el Ayuntamiento de Alicante decidió rotular una calle con su nombre: Susana Llaneras Rico, muy cerca de la plaza donde posa inmortalizada por el escultor Vicente Bañuls. Pero para hacerlo quitaron el nombre que había antes. No es la primera vez que ocurre esto y no será la última. Las modas y las causas cambian, me dirá usted, y tendrá razón, pero en esta ocasión hay otro motivo adicional, ya verá.

Aplicando la Ley de Memoria Histórica borraron de la calle al Camarada César Elguezabal para rotular el de Susana Llaneras. Pero, ¿quién era ese señor para que quitaran su nombre después de decidirlo en el Ayuntamiento el 3 julio 2018?

César Elguezabal se significó por pensar diferente de los que gobernaban durante la II República española al afiliarse a la Falange de José Antonio Primo de Rivera. Lo hizo en aquella democracia, como lo hicieron sus contrarios políticos en sus respectivos partidos. Elguezabal era un joven entusiasta falangista. Así, lo encontramos en la inauguración (el 28 de julio de 1935) del Círculo Falangista de Alicante junto con otros estudiantes como Ramón Rojas, Felipe Bergé, Luís Castelló, Jorge Gil… según cuenta el escritor Gerardo Muñoz. Mas tarde se denominaron Camisas Viejas. Era un piso grande que daba a las calles Mayor y Rafael Altamira. Entre sus actividades políticas repartían propaganda de su partido por la calle, organizaban debates y actividades culturales en el Círculo, participaban en manifestaciones populares…

Un año después estalló la guerra civil española. Elguezabal se fue a Tibi con unos familiares a pasar el verano. Pero le señalaron con el dedo, le acusaron de fascista, le denunciaron y fue detenido por milicianos republicanos. Fue encarcelado, en la misma prisión que su líder. En la misma en la que José Antonio fue juzgado, condenado a muerte supuestamente por haber conspirado contra la República desde la cárcel, y fusilado el 20 de noviembre de 1936.

A consecuencia de este fusilamiento, la aviación italiana (aliada de Franco) desde sus bases en Baleares, se ensañó con Alicante y la bombardeó durante ocho horas seguidas. Era el 28 de noviembre de ese año. “Desde el atardecer hasta las 4 de la mañana siguiente, en intervalos de 15 a 30 minutos, los aviones dejaron caer su mortífera carga sobre la ciudad inerme. Las bombas mataron a tres ciudadanos, hirieron a 36 y provocaron el incendio de los depósitos de Campsa. Todavía la ciudad no contaba con refugios ni con defensas antiaéreas”, en palabras del historiador Juan Martínez Leal.

Después de este bombardeo, milicianos republicanos sacaron de la cárcel a 51 presos políticos de derechas, fueron llevados en camiones y asesinados junto a la valla del cementerio de San Blas en represalia por las víctimas de ese bombardeo. No tuvieron juicio previo, ni posibilidad de defenderse de sus acusaciones. César Elguezabal fue uno de ellos. Moría fusilado a los 21 años. Fue enterrado en una fosa común en el cementerio de Alicante.

Si no fuera verdad, parecería un chiste, pero no lo es. Aunque parezca incomprensible, fue una revancha detrás de otra. Sangre por sangre. Muerte por muerte. Caín contra Abel. Todo fue un disparate, lo hiciera quien lo hiciera, y cuando lo hiciera.

El azar ha hecho que las vidas de la aguadora y el falangista se relacionen, ya ve. Imagine que hubiera pasado si se hubieran conocido en aquellos años treinta, ella con su dulzura y el con su genio, una mezcla explosiva en tiempos convulsos. Piense entonces, con los ánimos a flor de piel. El desenlace se lo dejo a usted, cada uno pensará el suyo y seguro que no es el mismo que el del otro.

Los tiempos cambian. Hemos aprendido a respetar la opinión contraria. Hoy los políticos dirimen sus diferencias desde un atril, o mediante las urnas, pero no desde una trinchera. Algo habremos conseguido de las enseñanzas del pasado si aprendemos de los errores y evolucionamos con sus aciertos. Pues eso.

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