Opinión

El pantano de Tibi y otros saltos de agua

| Radio El Campello

Opinión. Pascual Rosser Limiñana

El pantano de Tibi y otros saltos de agua

También son noticia, aunque mucho menos de lo que debieran. Quizá por eso se mantienen tan desconocidos como intactos. Con alguna excepción, ya verá. Todo ocurre en el Alicante interior y montañoso. Si no lo conoce, le sorprenderá. Si lo sabe, quizá le llame la atención.

Alicante y su provincia no son sólo sol y playas. ¿Sabía que Alicante es la segunda provincia española más montañosa de España?, siendo Santander la primera. Así es. Y en estas montañas hay verdaderos tesoros, mucha historia y grandes bosques para sorprender al más incrédulo. Porque llama la atención. Te olvidas de esa imagen que crees nuestra de tierras áridas de secano porque no sólo es así.

Las montañas y los valles, unos detrás de otros, ondulan el paisaje con grandes olas en un mar de montes, picos y colinas. Con barrancos y ramblas, ríos y riachuelos, por donde corre el agua. Unos recuperan su esplendor después de lluvias continuadas o torrenciales; y otros se crecen con ellas, aunque estén presentes todo el año de una manera o de otra.

En las últimas semanas es noticia la lluvia y sus consecuencias. Pero a diferencia de otras veces, lo es porque es abundante, ordenada y, por serlo, es beneficiosa para acuíferos, ríos, embalses, …

Nos encontramos con la ruta del agua del interior de la provincia. ¿Pero cuál de ellas? Las hay, y son muchas, distintas, en diferentes lugares, surcando en la tierra y en las rocas bellezas naturales de gran contenido ecológico.

Si tuviéramos que mencionar una instalación para retener esas aguas para el riego de la huerta, incluso para el consumo humano, el que tiene un protagonismo indiscutible por derecho propio es el Pantano de Tibi. Hay otros como el del Amadorio, el de Guadalest, … Pero el primero de todos es el de Tibi. ¿Lo conoce? Fue uno de los primeros pantanos de Europa, nada menos. Lo mandó construir el Rey Felipe II allá por el siglo XVI. El cronista Viravens nos cuenta de quien partió la idea, quien estudió el proyecto, planificó la obra e informó al Rey de su viabilidad. Ahora se lo cuento.

Fue un vecino de Mutxamel quien pensó en cómo paliar la falta de agua en la huerta de Alicante en los meses en que no solía llover. Viravens escribe en su crónica que fue “Pedro Cano Izquierdo quien concibió el pensamiento de que en la garganta que forman los dos cerros que en el término de Tibi se llaman Mos del Bou y la Cresta, podía construirse una pared para detener las aguas del río y utilizarlas con el debido orden, principalmente en la estación en las que por falta de riego se agostan los campos”.

Pedro Cano contó su idea a Miguel Alcaraz, maestro cantero también de Mutxamel. Este investigó el lugar y vio viable el proyecto. Ambos lo presentaron ante el Concejo de la Ciudad. Convencidos de su utilidad, se reunieron en Consejo General con vecinos e interesados el 7 de agosto de 1579 acordando suplicar permiso al Rey para construir el pantano y comprar a Pedro Masa y Carroz, Marqués de Terranova y Señor de Castalla, el terreno donde hacer esta obra. Esta compra se produjo el 13 de agosto del mismo año según escritura ante el escribano Esteban Corbí. Aún así, Felipe II fue precavido, como en otras ocasiones, quiso tener otra opinión y, antes de dar su permiso para iniciar esta obra, mandó a Juanelo Turriano – autor de un artilugio para elevar las aguas del Tajo a su paso por Toledo – para conocer el proyecto sobre el terreno y opinar sobre la viabilidad de su planteamiento. Juanelo informó positivamente y el Rey dio la licencia pertinente para iniciar las obras. Eso sí, estas debían ser sufragadas por el Concejo de Alicante, aunque el Rey daba ideas de con qué tenían que financiar la construcción de este embalse.

La primera piedra se puso el 17 de agosto de 1580 “con gran pompa y magnificencia”, santa misa y banquete. Este último no podía faltar, ya conoce la costumbre mediterránea, si hay algo que celebrar no pueden faltar viandas y buen vino. Viravens lo dejó escrito en su crónica al manifestar que “solemnizando el Concejo semejante acto, gastó muchos ducados en un banquete que dispuso para cortejar a las personas caracterizadas que asistieron; llegando la esplendidez del Municipio hasta el punto de obsequiar también con una comida a las muchas gentes que espontáneamente concurrieron a la citada fiesta”.

Las obras se iniciaron con gran entusiasmo, pero este duró poco, quizá porque asustaba a las autoridades del Concejo el coste de la obra. Cuando esta llevaba construida 25 palmos del suelo, esta se paralizó. Esto ocurrió así “porque decayó el espíritu de los interesados en empresa tan colosal”. Tuvieron que pasar nueve años hasta que Pedro Franqueza, Conde de Villalonga y Señor de Villafranqueza “agitó la idea de proseguirlas” (1589). Pero el Erario Municipal no tenía el dinero necesario por lo que enviaron dos emisarios, Tomás Vallebrera y Damián Miralles, a la Corte para convencer al Rey del interés de este pantano para la huerta de Alicante y la continuación de las obras. Y lo consiguieron. Después de muchas vicisitudes, “se terminó esta magnífica fábrica, que fue la primera en su clase que se construyó en España”, en la que “se gastaron 58.023 libras, 17 sueldos y 4 dineros”.

Fue una gran obra. Y ahí sigue, a falta de acondicionamiento y limpieza de lodos, para que sirva con regularidad con el uso para lo que fue construido.

Con las últimas lluvias el agua desborda por arriba de este pantano y se descuelga por el murallón con cascadas de agua, que, con su piedra que lo construye, muestra una estampa de gran belleza. Como lo son también la multitud de saltos (salt) de agua que hay en la provincia alicantina como el de Alcoleja, Alcoy, Planes, Sella, Vall de Laguart, azud de Mutxamel, pantano de Elche, … Y la popular fuente del Algar, en la que hay que pagar para verla (y para bañarse en sus aguas), ya ve, se aprovecha cualquier situación para sacar dinero de todo.

A algunos de estos saltos de agua se llega caminando (imposible hacerlo en coche). Fernando Prieto nos cuenta en su blog Link Alicante muchas de estas rutas de senderismo para disfrutar de ellos. Siga sus instrucciones, y las de Wikiloc o similar, sea prudente y disfrute, el espectáculo lo merece.

Hace unos días visité con mi mujer el Salt de Benilloba, recomendado por Arturo Moreno de Vicente, una enciclopedia andante de la montaña alicantina. Era el momento idóneo después de tantas lluvias. Fue espectacular observar cómo el agua ha ido puliendo el barranco por donde pasa, recorriéndolo con gran fuerza y velocidad hasta llegar a un salto de agua de 20 metros de altura desde el que se produce una cascada de gran belleza. A sus pies recibía las aguas un molino harinero, una central hidroeléctrica después, del que quedan en pie sólo sus muros. Si tiene curiosidad de saber más sobre este singular paraje, lo cuento con detalle en mi blog sosegaos.

Y con toda esta agua sin destino, que no acaban en acuíferos, fuentes, o embalses, ¿se hace con ella depósitos de reserva para épocas de sequía o se deja perder en el mar? Ahí lo dejo, en espera de respuesta. Pues eso.

Publicidad
Whatsapp Mobile Whatsapp Web